Ctra. Aralar - Zubizelaigaña - Ttutturre - Beloki
April 18th, 2006Una semana más voy a contar la ruta de este fin de semana de Semana Santa, y como habitualmente, lo hago un par de días tarde. Estas vacaciones no teníamos muy claro si iba a haber salida al monte, pero como al final nos quedamos en Pamplona, el sábado por la tarde nos decidimos a hacerla. Los encargados de elegir la ruta fueron Javi y Laura R., y la elección fue Ctra. Aralar (km 9,75) - Zubizelaigaña - Ttutturre - Beloki, aunque como iremos viendo, la ruta final difiere sustancialmente de la prevista.
Para no variar quedamos el Domingo por la mañana para desayunar, y sin madrugar demasiado, aunque algo más de lo habitual, a las 9:30. Llegamos al punto de origen de la ruta, en la carretera a Aralar, hacia las 11:15 de la mañana, y por una vez, cosa excepcional, Laura R. tomó las riendas de la “expedición”. Hay que reconocer el intento y que comenzó bien, pero eso no pudo evitar que nos pasáramos el punto donde está la cueva de Amurutxate, ni que no cogieramos el desvío hacia Zubizelaigaina y acabásemos en la falda del Beloki, saltándonos una buena parte del recorrido. De todas formas esto último es ya de juzgado de guardia, porque pese a que el GPS mostraba una ruta bastante diferente a la del plano, seguimos hasta que ya fue completamente evidente.
Yo a este punto llegué completamente hecho polvo y eso que no habíamos recorrido más que un par o tres de kilómetros, pero la última pendiente, el desayuno, o no sé qué, acabo conmigo, por lo que no me vino nada mal el rato que estuvimos en la falda del Beloki decidiendo qué hacíamos. Al final nos decidimos a ir dirección al Ttutturre siguiendo la ruta pero en sentido contrario. La verdad es que cada vez nos defendemos mejor con esto del GPS, y pese a no tener la ruta cargada, fuimos creando las marcas que venían en el plano una a una, y creamos la ruta con ella, todo un avance para nosotros.
El camino hasta la base del Ttutturre fue bastante sencillo, el camino era prácticamente llano, con alguna pequeña zona rocosa. Lo más destacable fueron las ovejas y las carreras que se dieron delante de Puka, cuando ésta sacó a relucir sus genes de pastor vasco. Al final vamos a tener que llevarla atada a la mochila, porque sino algún día va a provocar un infarto o despeñar alguna oveja.
Cuando llegamos al Ttutturre vimos que la cima estaba relativamente cerca y que el ascenso era bastante menos duro de lo que parecía desde el Beloki, por lo que nos pusimos a ello, siguiendo las indicaciones de la ruta. Cuando llegamos arriba aprovechamos para descansar un rato, tomar un ligero tentempie, y decidir el siguiente paso en la ruta. Teníamos dos alternativas principalmente, seguir el recorrido en sentido inverso, o volver de nuevo hacia el Beloki. Como seguir el recorrido nos parecía que era dar prácticamente por finalizada la ruta, decidimos ir de nuevo hacia el Beloki y decidir allí qué hacer.
Tras recorrer, esta vez en el sentido correcto, el camino entre el Ttutturre y el Beloki, llegamos otra vez al mismo punto donde nos habíamos detenido antes, en la falda del Beloki. Este momento fue de nuevo uno de esos de división entre sector femenino y masculino. El sector femenino apostaba por regresar directamente hacia el inicio, amenazando incluso con la secesión e irse por su cuenta si no hacíamos lo mismo, pero finalmente, y tras mucho negociar, llegamos a una solución “salomónica” y decidimos jugarnos a suertes. Si salía cara volvíamos directos al inicio, y si salía cruz, nosotros subíamos el Beloki y ellas lo rodeaban por el este, para juntarnos de nuevo en ese lado, y desde allí intentar un trayecto directo hacia el inicio… salio cruz y toco ir hacia el Beloki.
Lo mejor de todo fue que una vez que empezamos a acercarnos más al Beloki, las chicas se dieron cuenta de que tampoco era tanta rampa como paracía, y entre risitas y “no quiero reconocer que me he equivocado”, cambiaron de opinión y se apuntaron también a subir hasta arriba. Una vez arriba lo previsto era buscar una ruta directa hacia el inicio, pero aprovechando el subidón de ánimo, no costó demasiado convencer a la tropa para seguir con la ruta original. Por otra parte era lo mejor, ya que pese a que todo el paisaje era prácticamente llano hacia el norte y noroeste, el sureste se veía bastante agreste y podría habernos costado bastante más cruzarlo aunque fuera más corto. Además, nos habríamos perdido una parte de la ruta que merecía la pena de verdad.
Lo único negativo de este final de ruta, en lo que coincidimos todos, fueron los dos últimos kilómetros por asfalto, que no nos gusta a ninguno.
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menéame
fresqui
